"Érase una vez, una princesita muy traviesa y valiente que vivía junto con su familia en un reino lejos de su hogar natal.
Un día, se fue con sus padres y su hermana a visitar a unos parientes lejans que estaban en Francia.
La leyenda cuenta que el viaje lo emprendieron en un gran carruaje de 4 caballos por los caminos de tierra que unían los reinos. Pero en realidad, nuestra princesita viajó con su familia hacia Francia en barco, por el mar Mediterráneo.
Llegaron al reino francés de Carcassonne, donde los esperaban sus tíos lejanos. La visita fue corta. Pasearon por las calles de esa bonita ciudad, encerrada por una fuerte muralla que la rodeaba. Le contaron sus primos que cuando llegaban enemigos, subían el puente levadizo de madera, por el cual habían entrado, y sus guerreros les arrojaban flechas y líquidos hirviendo desde lo alto de la muralla, para impedir que accediesen a la ciudad y así no la invadiesen. En el foso que rodeaba el castillo había pirañas. Menos mal que en la estancia de nuestra princesita no apereció ninguno de ellos. Aunque en el fondo, ella deseaba que hubiesen llegado para subirse con los guerreros a la muralla y ayudarlos arrojando flechas.
La ciudad era preciosa, tenía un río cercano, por donde atravesaba un fornido puente y por el cual nadaban unos patos placenteramente. Por las calles de la ciudad, los comerciantes mostraban sus mercancías al público que paseaba por ellas. Y éstas se llenaban de olores dulces y salados a la hora de la comida.
La familia real empredndió por la tarde su viaje hacia Perpignan, donde se encontrarían con otros parientes de Mallorca que residían actualmente en esta ciudad francesa. Llegaron tarde y no pudieron visitar a sus tíos. Así que decidieron tomar una buena cena en una posada cerca del castillo. Allí comieron muchos manjares exquisitos, incluidos unos deliciosos postres con nata y chocolate(traido del Nuevo Mundo). Los sirvió un hombre muy amable llamado Bastián que simpatizó bastante con el rey y padre de nuestra princesita. Seguidamente se alojaron temprano en sus aposentos respectivos ya que a la mañana siguiente tendrían la visita a sus familiares. Los Reyes estuvieron conociendo nuevas artes amatorias de esas tierras, y la reina y madre de nuestra princesita se quedó impresionada con algunos miembros de color oscuro que observó.
A la mañana siguiente, la madre reina fue a despertar a las dos princesas para que se preparasen para la visita.
Cuando llegaron, nuestra princesa comentó a su hermana que aquel castillo no le gustaba mucho. Pero pronto cambió de idea. Era espectacular, sencillo pero encantador. En vez de estar rodeado de agua como el otro castillo del día anterior, éste tenía en su foso leones, 30 leones hambrientos. ¡Ahí sí que no entraban enemigos!. Los alimentaban con cabras que pastaban en las tierras cercanas. Pobres cabras.
Visitaron las habitaciones, el salón de fiestas, la capilla,......, hasta el calabozo. y dentro de éste se encontraba un ogro culpado de matar a una doncella. El patio donde su tía tenía macetas y plantas tenía un gran y profundo pozo del cual sacaba agua. La reina le contó a su hija, nuestra princesita, que allí metían a las princesas malas y que dentro habitaba un dragón que las capturaba.
Terminaron su visita y regresaron al pueblo donde tenían su barco para regresar a su reino, Cadaqués. Pasearon por sus calles y compraron las últimas provisiones para el viaje de regreso. El regreso fue largo y pesado debido al temporal de lluvia y olas que tuvieron que soportar. Pero a pesar de ése día grisáceo, nuestra princesita y toda su familia iban contentos. Les había gustado mucho conocer a esos parientes y sus castillos.
Regresaron y nuestra princesita estaba deseando contar el viaje y las aventuras a su hermano mayor, el príncipe Ancarus, que no había podido realizar el viaje ya que estaba en una misión de batalla en tierras del sur.
A`pesar de todo, habría algo que nuestra princesita jamás olvidará: los 30 leones".
B.S.O.: "Princesa Herida" - Marlango.
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